|
|
El
urbanismo en Grecia y Roma. La
relevancia del urbanismo ya se manifestaba en las
civilizaciones griega y romana. El arquitecto
griego Hipódamo de Mileto planificó importantes
asentamientos griegos como Priene y El Pireo.
Considerado como el padre del urbanismo, defendió
el diseño geométrico de las ciudades. |
|
 | |
|
Las ciudadelas religiosas y cívicas se
orientaron de forma que proporcionaran un sentido de
equilibrio estético, se trazaron calles siguiendo un
sistema en cuadrícula y las viviendas se integraron en
las instalaciones culturales, comerciales y defensivas.
Los romanos continuaron estos principios. Sus diseños de
arcos, gimnasios, foros y templos monumentales
constituyen ejemplos clásicos de urbanismo basado en una
estricta observación de la geometría. Sus ciudades
coloniales, planificadas como campamentos militares
llamados castra en singular (castrum), estaban
dispuestas formando una rejilla de calles rodeadas por
murallas defensivas rectangulares o cuadradas. Tras la
caída del Imperio romano, la población e importancia de
las ciudades disminuyó. Entre los siglos V y XIV la
Europa medieval planificó sus ciudades alrededor de
castillos, iglesias y monasterios sin seguir un modelo
concreto en la distribución de sus calles.
El urbanismo en el Lejano
Oriente China y su zona de influencia
desarrolló una gran cultura urbana, gracias a la
utilización de las ciudades como brazos administrativos
del gobierno central chino. El modelo de urbanismo lo
constituyó Chang'an (hoy Xi'an), capital de las
dinastías Han y Tang. A finales del siglo VI contaba con
una disposición cuadricular rodeada por una muralla de
tierra apisonada de unos 36,7 km de circunferencia,
amplias avenidas de hasta 155 m de anchura que recorrían
la ciudad de norte a sur y de este a oeste, una ciudad
palaciega independiente en su parte norte y zonas
residenciales divididas en 108 recintos amurallados (o
distritos) que quedaban cerrados tras el toque de queda.
Este plan fue copiado para ciudades de muchos otros
países que se encontraban bajo la influencia de China, y
en especial por la capital imperial japonesa Heian (hoy
Kioto), establecida en el 794. El desarrollo del
comercio y el surgimiento de una economía monetaria bajo
la dinastía Song potenciaron el crecimiento de las
ciudades, que tendieron en su mayoría a seguir el mismo
plan urbanístico. No obstante, otros países del este
asiático modificaron a menudo la cierta rigidez del
modelo chino.
|
|
Urbanismo en el
renacimiento y las épocas posteriores. La
emulación del clasicismo grecorromano que se produjo
durante el renacimiento reavivó el patrón clásico en los
esfuerzos urbanistas. La plaza de la Basílica de San
Pedro de Roma y la plaza de San Marcos de Venecia
representan un ideal de grandiosidad para los lugares
públicos y las estructuras
cívicas. |
En un marcado contraste con las calles
estrechas e irregulares de los asentamientos medievales, la
planificación renacentista hizo hincapié en calles amplias que
respondían a un patrón radial o circunferencial regular, es
decir, calles que formaban círculos concéntricos en torno a un
punto central, con otras calles que partían desde ese punto
como si fuesen radios de una rueda. Entre otros ejemplos
estarían también el diseño urbano del Plan para Londres (1666)
elaborado por el arquitecto inglés Christopher Wren y las
calles de Mannheim y Karlsruhe, en Alemania. Estos diseños del
urbanismo renacentista fueron los utilizados en las ciudades
españolas y británicas establecidas en el Nuevo Mundo en los
siglos XVI y XVII, como se puede ver en Savannah (Georgia),
Williamsburg (Virginia), Ciudad de México y Lima, en Perú.
Ciudad de México había quedado destruida durante la conquista,
pero fue el mismo Hernán Cortés quien ordenó su
reconstrucción. La llegada casi inmediata del primer virrey de
Nueva España, don Antonio de Mendoza en 1535 fue crucial para
el urbanismo en tierras de América. Mendoza, que había
estudiado las doctrinas urbanísticas de Leon Battista Alberti,
renacentista italiano, las aplicó con radicalidad, tanto en
México como en Perú, a donde se trasladó en 1550. 'La ciudad
ideal' renacentista, una cuadrícula abierta que, en el caso
español se abría en torno a un espacio central o Plaza Mayor,
fue el modelo que aplicó en los dominios hispanos, siguiendo
las reglas recogidas en las 'Leyes de Indias' (1573). La labor
de urbanización llevada a cabo fue inmensa, sólo comparable
con la realizada con antelación por el Imperio romano. En sus
inicios, el urbanismo estadounidense reflejó también la
preferencia por las avenidas y edificios públicos
grandiosos.
El urbanismo en el
siglo XX. Las naciones anglosajonas respondieron
de forma similar a la necesidad de mejorar las condiciones de
vida de las ciudades. Empezaron por regular las condiciones
sanitarias y la densidad de las casas de vecindad. Surgió
entonces un movimiento a favor de una postura más global y a
largo plazo, y de un proceso de urbanismo que examinara y
controlara las muchas fuerzas que afectan a las ciudades
modernas. A principios del siglo XX se tomaron importantes
medidas para formalizar leyes que siguieron principios
urbanísticos. En 1909 Gran Bretaña aprobó una Ley de Urbanismo
que autorizaba a las autoridades locales a preparar programas
que controlaran el desarrollo urbano. También en 1909 se
celebró en los Estados Unidos el Primer Congreso Nacional
sobre Urbanismo, ejemplo que pronto siguieron la mayoría de
países desarrollados. Durante la depresión económica de la
década de 1930 los gobiernos nacionales y regionales
intervinieron de forma más enérgica en la planificación
urbana. Para fomentar el desarrollo económico de las regiones
más necesitadas, el Reino Unido autorizó el nombramiento de
una serie de comisarios especiales con amplios poderes. Gran
Bretaña, Francia, los Países Bajos, España y otros países
europeos llevaron a cabo muchos e importantes proyectos de
viviendas. En los Estados Unidos, el presidente Franklin
Delano Roosevelt, en su programa del New Deal, estableció una
Oficina de Obras Públicas para estudiar las inversiones, un
Comité de Planificación Nacional para coordinar el desarrollo
a largo plazo y un programa que dio como resultado tres
ciudades de cinturón verde. En España, durante la II
República, a partir de 1931, se alentaron planes de renovación
urbanística, que transformaron el aspecto en numerosos barrios
y distritos, especialmente en Madrid y Barcelona.
|
Urbanismo tras
la II Guerra Mundial. La necesaria
reconstrucción física a la que se vieron sometidas las
ciudades tras la II Guerra Mundial aportó un nuevo
desarrollo al urbanismo. En 1947 Gran Bretaña promulgó
su significativa Ley de Planificación Urbana y
Provincial, que dejaba todas las cuestiones relativas al
desarrollo bajo control regional y fomentaba la
construcción de nuevas ciudades. |
La fundación de nuevas comunidades había
tenido en Gran Bretaña como pionero al urbanista británico sir
Ebenezer Howard a principios del siglo XX. Las ciudades jardín
de Letchworth (1903) y Welwyn (1920), construidas según sus
ideas, habían sido diseñadas como ciudades autosuficientes
protegidas de la invasión urbana por cinturones verdes o zonas
agrícolas. En las décadas de 1950 y 1960, la expansión de las
new towns (nuevas ciudades) británicas recibió un nuevo ímpetu
al convertirse en la política oficial, lo que originó la
construcción de un gran número de nuevas comunidades, muchas
de ellas en los alrededores de Londres. Otros países europeos
dieron también mucha importancia a la planificación urbana
tras la II Guerra Mundial, llevando a cabo considerables
reconstrucciones urbanas en ciudades como Rotterdam, en los
Países Bajos, Hamburgo, en Alemania Occidental (hoy parte de
la República Federal unificada de Alemania), y Helsinki, en
Finlandia, además de otros lugares.
EL URBANISMO MODERNO A finales
de la década de 1960 la orientación del urbanismo fue más allá
del aspecto físico. En su forma moderna, el urbanismo es un
proceso continuo que afecta no sólo al diseño sino que cubre
también temas de reglamentación social, económica y política.
Como tejido de organización humana, una ciudad constituye un
complejo entramado. Por una parte, exige la disposición de
barrios, industrias y comercios según criterios estéticos y
funcionales y en proporcionar los servicios públicos que éstos
necesiten. Por otra parte, quizás más importante, debe tener
presente también: 1) el origen, educación, trabajo y
aspiraciones de sus residentes; 2) el funcionamiento general
del sistema económico al que pertenecen, además de los cargos
que ocupan en este sistema y de las recompensas que éste les
proporciona; y 3) su aptitud para tomar parte en las
decisiones que afectan a su vida cotidiana. Visto desde esta
perspectiva, el urbanismo requiere algo más que un minucioso
especialista que sea capaz de desarrollar y aplicar un plan
físico en la ciudad. Se necesitan también capacidades y
actividades más generales: 1) la recogida y análisis de datos
sobre la ciudad y su población; 2) el estudio de las
necesidades de servicios sociales, y de la disponibilidad de
éstos; 3) el desarrollo, evaluación, coordinación y
administración de programas y horarios que cubran estos
servicios; 4) programas de desarrollo económico y de viviendas
que, además de la planificación, conllevaría la adopción de
medidas financieras y la aplicación de esos programas de
desarrollo, favoreciendo el establecimiento de asociaciones
públicas y privadas, y de otros tipos de organización; y 5) el
uso efectivo de la actividad política y de la participación
ciudadana para influenciar y apoyar los programas de
desarrollo.
El plan global.
El documento básico de urbanismo es un plan general
adoptado y mantenido con revisiones periódicas. En su
expresión cotidiana el plan se traduce en una serie de
documentos legales —controles de urbanismo, regulaciones de
las subdivisiones, así como códigos de construcción y
vivienda— que estipulan los criterios de utilización del
terreno y la calidad de la construcción.
|
Política social,
económica y medioambiental. Aunque la
apariencia física y el funcionamiento de la ciudad
constituyen el objeto tradicional del urbanismo, la
población y los recursos económicos de la ciudad son
también elementos importantes a
considerar. |
Es por esto que el urbanismo contemporáneo,
además de seguir ocupándose del diseño físico, aborda de la
misma forma las muchas decisiones socioeconómicas de largo
alcance que deben tomarse. Una ciudad presenta necesidades
sociales y cuenta con un determinado capital económico. El
gobierno local actúa como agente comprador para muchos de los
servicios que los residentes y los negocios necesitan:
educación, suministro de agua, protección policial, servicio
de bomberos y entretenimiento, entre otros. La calidad,
carácter y eficacia de estos servicios requieren que la
planificación ajuste las necesidades y los deseos con el
cambio tecnológico y con los objetivos de desarrollo físico.
El urbanismo, además, debería intentar proporcionar una
vivienda digna (y una mínima ayuda económica) a los habitantes
que no puedan cubrir esta necesidad básica. Cuando las
viviendas locales son deficientes y los recursos económicos
permiten mejorarlas, el departamento de urbanismo puede
inspeccionar las condiciones de las viviendas y coordinar los
fondos para financiar su desarrollo y rehabilitación. El
desarrollo económico de la ciudad queda también englobado
dentro del ámbito del urbanismo. Los planes de desarrollo
económico se valen de una mezcla de incentivos, asistencia
técnica y publicitaria para crear empleos, establecer nuevas
industrias y negocios, ayudar a las empresas ya existentes a
prosperar, rehabilitar lo que es salvable y dar una nueva
orientación a lo que no se puede salvar. El desarrollo
económico, sin embargo, debe ir más allá de la empresa y de la
facilidad de llegar a los trabajadores. En un entorno
tecnológico de rápida evolución, con frecuentes cambios
globales en las relaciones laborales, los trabajadores
cualificados necesitan nuevas capacidades y el personal no
cualificado necesita algún tipo de preparación. La formación
laboral constituye una parte necesaria dentro de la estrategia
del desarrollo, en especial en lo que a los ciudadanos pobres
y sin empleo se refiere. La programación de las inversiones es
el instrumento presupuestario que utilizan los urbanistas para
fijar la construcción y financiación de las obras públicas.
Proyectos como la mejora de la red viaria, la iluminación de
las calles, los parkings públicos, y la compra de terreno
destinado a espacios al aire libre, deben ser estudiados y
clasificados en función de sus prioridades. Un programa anual
establece las prioridades para los años siguientes entre los
proyectos necesarios para poner en práctica el plan global y
reemplazar la infraestructura obsoleta.
El movimiento de renovación urbana que tuvo
lugar tras la II Guerra Mundial no tomó en consideración los
altibajos cíclicos de los barrios urbanos. Desde esa época
hasta la década de 1960 se pensó que si una función económica
como el comercio o la industria fallaba, todo lo que se
necesitaba era eliminar lo existente y limpiar el terreno para
una posterior utilización. En muchos casos el nuevo desarrollo
nunca se produjo. Se hizo caso omiso de las múltiples fuerzas
que afectan a este tipo de cambios, o bien dichas fuerzas no
fueron analizadas de forma convincente. Los urbanistas de hoy
entienden que una ciudad se ve afectada por fuerzas económicas
regionales, interregionales, nacionales e internacionales y
que la efectividad de los planes para producir la viabilidad
económica de una ciudad depende del correcto análisis e
interpretación de estas fuerzas.
|
El futuro de las
ciudades y del urbanismo. El urbanismo de las
últimas décadas del siglo XX se preocupa cada vez más de
establecer o ejecutar políticas de servicios públicos y
de proporcionar estos servicios. Como es obvio que los
recursos son limitados y que los acontecimientos
globales afectan al futuro de cada
comunidad, |
el urbanismo debe actuar dentro de un marco
de planificación nacional e internacional con el fin de lograr
un desarrollo sostenible por ambas partes. Las
infraestructuras económicas de muchas ciudades antiguas
necesitan ser sustituidas. Las escuelas públicas y los
hospitales urbanos son un reducto de las instituciones
dominantes en un tiempo pasado en la ciudad. Durante medio
siglo el público se sintió fascinado por las zonas limítrofes
de las áreas metropolitanas. El poder de esta atracción ha
sido tan fuerte que cuando las distancias al lugar de trabajo,
situado en el centro urbano, se hicieron excesivas, los
empresarios decidieron trasladarse a las afueras. A finales
del siglo XX, sin embargo, la última generación de adultos,
más joven que la mayoría de los habitantes de la ciudad, con
más movilidad, a menudo sin hijos, y con una mayor libertad en
sus relaciones, se ha sentido cautivada por la vida de la
ciudad. Como respuesta, las ciudades están proporcionando
servicios públicos y encauzando inversiones hacia una mejor
calidad de vida en esas zonas que ofrecen atractivos
incomparables para esta nueva población. En este escenario,
diversos grupos de ciudadanos han alcanzado una mayor
sofisticación en la búsqueda de sus intereses. Están mejor
informados, conocen las leyes y los procedimientos jurídicos,
tienen más habilidad política y son más militantes y
persistentes. Han aprendido que la planificación conlleva un
orden dentro del cambio y quieren influir en ella. Por su
parte, los urbanistas están intentando equilibrar las demandas
de intereses enfrentados para convertirlos en un consenso
comunitario dinámico que posibilite la toma de decisiones.
Además, las reacciones en contra de una planificación central
y a favor del desarrollo privado que se han producido a lo
largo de las décadas de 1980 y 1990 han desembocado en
ambiciosos experimentos con el objetivo de reducir los
controles urbanísticos, a veces, con resultados
desiguales.
Controles del
desarrollo Una vez adjudicado el terreno, las
actividades privadas se coordinan con las instalaciones
públicas por medio de ordenanzas de división zonal y
reglamentaciones de subdivisiones. Una reglamentación
urbanística o una ordenanza de división en zonas delimita cómo
puede utilizarse el terreno, así como el tamaño, tipo y número
de estructuras que pueden ser construidas en él. Todo el
terreno que se encuentra dentro de una ciudad aparece dividido
en distritos o zonas. En estos distritos se permiten por
derecho ciertos usos del terreno y se especifican las
restricciones generales en lo relativo a la altura, tamaño y
uso de la construcción. Las reglamentaciones llevan a cabo las
asignaciones del terreno recomendadas en el plan global. Se
proporcionan emplazamientos específicos para distintos tipos
de residencias, industrias y negocios, junto a cifras
específicas relativas a la altura de los edificios, la
ocupación del solar y la densidad estipuladas, y se
especifican para cada área los usos del terreno permitidos,
incluidas las condiciones especiales, como puede ser el
estacionamiento fuera de la vía pública. Si se cumplen los
requisitos especificados se concederá el permiso. Otras
reglamentaciones proporcionan criterios generales de
considerable flexibilidad en lo referente a la mezcla de usos
de los edificios o al diseño de la construcción, aunque para
ser aprobadas necesitan un estudio más exhaustivo. |
|